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Por Favor, Dejen de Castigar a los Niños Por Sus Discapacidades Invisibles


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Como siempre digo, primero soy madre de tres hijos, y luego soy psicóloga de niños. Trabajo con muchos niños, adolescentes, adultos, jóvenes (y sus familias) que tienen trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), ansiedad y discapacidades de aprendizaje. También soy madre de clase en la escuela de mis hijos donde hay niños con estas y otras discapacidades. He trabajado como psicóloga escolar en escuelas públicas y sé lo que recomendé para los niños en mi carga de casos. A lo largo de los años, he oído de los padres, con los que trabajo, que sienten que a veces la discapacidad de su hijo es malinterpretada y subestimada.

La Discapacidad

No se puede ver una discapacidad del aprendizaje, trastorno del procesamiento sensorial, ansiedad, TDAH (y muchos otros). El perfil único de un niño es detectado por el equipo del niño (padres, maestros, pediatras, psicólogos, etc.), pero no es un hecho, cambia, y no viene con un manual.

Entonces, ¿qué significa esto para usted, como el padre de un niño con una discapacidad invisible? Usted va a ser un defensor de su hijo hasta que él o ella aprendan a abogar por sí mismos. Esto significa que usted necesitará educar al maestro de su hijo, paraprofesional, administrador de casos y al director, porque las áreas donde su hijo muestra fortaleza y debilidades no siempre son fáciles de ver o recordar.

Permítanme compartir una historia de un dia en el que me ofrecí como voluntaria para la clase de medios de mi hija cuando estaba en primer grado (ahora está en cuarto grado). Este adorable hombrecito (con TDAH) quería un libro de, “Curious George.” Su paraprofesional se paró junto a él con un cronómetro y lo acosó con comentarios como: “Elige un libro. Tienes tres minutos para elegir un libro. ¿Ya has elegido un libro?” El pobre no tuvo la oportunidad de procesar. Pude verlo como se agitaba mas y mas y estaba sucediendo a manos del mismo apoyo que se suponía que le ayudaría a tomar una decisión.

No voy a mentir, cada vez más me enojaba. La paraprofesional conoce su diagnóstico y su perfil (yo creo) y sin embargo ella le estaba lanzando tantas palabras sin darle la oportunidad de ver sus opciones. El niño se molestó cada vez más. Yo también me estaba molestando cada vez más. Así que me acerqué a él y me bajé al suelo con él, lo miré a los ojos y le dije, “¿Te está costando trabajo tomar una decisión hoy?” Respondió, “Sí.” Le dije, “¿Qué puedo hacer para ayudarte?” Respondió, “Ya leí todos los libros de ‘Curious George,’ así que no hay más para que yo elija.” Le pregunté, “¿Hay otro libro que le gustaría leer?” Dijo, “No.”

Así que, en esencia, estaba atascado. Nadie le preguntó por qué le costaba trabajo elegir un libro. ¡Pero había un cronómetro sobre su cabeza y una presión de tiempo que nos estaba molestando a los dos! Las consecuencias le estaban llegando, carta de comportamiento en la mano, y no vi ninguna posibilidad de resolución de problemas o flexibilidad.

Este hombrecito se molestó cada vez más y comenzó a tirar los libros de la estantería. Ya no podía ver esto. Le dije a su personal de apoyo, “Por favor, detenga el cronómetro y hablemos de esto con él. Está atascado.” Ella respondió, “Está siendo demasiado fácil con él. Él tiene que tomar una decisión.” No pude ni siquiera responderle a ese comentario. Miré al hombrecito y le dije: “¿Cómo vamos a resolver este problema?” “Bueno, podría sacar un libro que he leído antes.” Le respondí con un, “Esa es una gran idea. ¿Por qué no haces eso?”

Hay muchas piezas en esta experiencia que me hicieron darme cuenta de que este niño estaba siendo castigado por su discapacidad. Él tenía apoyo paraprofesional, que sugiere que necesita asistencia directa de uno-en-uno, ya sea porque necesita asistencia de comportamiento, emocional, social o académica. Sin embargo, estaba claro que había una creencia injusta de que su discapacidad era conductual y que sus comportamientos eran intencionales y manipuladores.

Apoyos Injustos o Inapropiados

No soy neuróloga, pero sé que hay un desequilibrio neuroquímico con TDAH, ansiedad, y hay diferencias estructurales en el cerebro con TDAH y discapacidades de aprendizaje. Estos déficits no son diferentes de los diabéticos, cuyo páncreas no produce suficiente insulina. Sin embargo, nadie se pararía sobre un diabético y diría, “Sólo pídele a tu páncreas que haga insulina. ¡Sólo hazlo! ¡Hazlo más rápido!”

No hace falta decir que quitar el recreo o no dar puntos para ganar un premio son consecuencias injustas para un niño que lucha por lograr una serie de comportamientos u objetivo que pueden ser poco realistas. O por esperar que ese comportamiento ocurra porque es el tercer mes del año escolar. Es una discapacidad. Del igual que usted proporcionaría una rampa para una persona en una silla de ruedas, las adaptaciones necesarias para un niño con una discapacidad de aprendizaje, TDAH o ansiedad, se van a necesitar cada día. Es probable que cambien, pero un plan de comportamiento con apoyos positivos, elogios, refuerzos y opciones es mejor que un cronómetro y comprobar (o no) comportamientos que no son ni siquiera relevantes.

Así que, en esencia: no castiguen a la discapacidad. Acomode y encuentre las fortalezas para ayudar al niño a compensar lo que es difícil para él o ella. Si usted siente que la discapacidad de su hijo está siendo malentendida, programe un tiempo para reunirse con el maestro de su hijo y ofrezca sugerencias para momentos que son difíciles durante el día escolar. Por ejemplo, déjenle tomar un descanso entre clases. Denle un trabajo cada día para aumentar su autoestima. Déjenlo estar de pie mientras trabaja en matemáticas. ¿Qué niño quiere ir a la escuela y luchar todo el día? Ningún niño. Ninguna persona ya sea de niño o de adulto quiere un día lleno de dificultades y poca retroalimentación positiva. Trabajemos junto con nuestros hijos y sus escuelas para ayudarlos a tener experiencias más positivas.

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Imagen de Getty por Wavebreakmedia